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El cáncer, que fué alguna vez una rara
enfermedad, es ahora la segunda causa más importante de muerte en las naciones occidentales como Australia, los EEUU y el Reino Unido.
Un reporte en el New England Journal of Medicine valoró el progreso contra el cáncer en los Estados Unidos por 35 años concluyendo que a pesar del progreso contra algunas formas raras, que representan el 1 o 2% de las muertes totales, la tasa de mortandad general ha incrementado substancialmente desde 1950: “La principal conclusión a que llegamos es que 35 años de esfuerzo intenso enfocado principalmente en mejorar el tratamiento debe ser juzgado una falla calificada" El reporte luego concluye que:
“...estamos perdiendo la guerra contra el cáncer” y polemiza sobre un cambio en el énfasis hacia la prevención si se quiere un progreso substancial.
Las causas ambientales del cáncer incluyen factores de estilos de vida como fumar, una dieta alta en comidas procesadas y productos de origen animal y baja en frutas y vegetales frescos, aditivos de alimentos, contaminación, y medicamentos y procedimientos médicos. A pesar del reconocimiento general del que el 85% de todos los cánceres son causados por influencias ambientales, menos del 10% del presupuesto del National Cancer Institute está asignado a causas nutrimentales, de estilo de vida y ambientales. Menos de un 1% del presupuesto del National Cancer Institute está designado a estudios de nutrición.
Nuestra cultura centrada en medicamentos y la idea de que el doctor y los medicamentos son las respuestas a nuestra crisis de atención médica siempre en expansión ha permeado a nuestro clima económico y se ha entretejido en la fibra de nuestra sociedad. Tratar enfermedades es un negocio enormemente rentable y las instituciones médicas están sostenidas por terapias y tratamientos con medicamentos casi inútiles. El “status quo” es sostenido por el cuento de hadas de que una cura milagrosa está a la vuelta de la esquina. (continúa
abajo)
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Su cuerpo es una máquina auto-reparable y auto-sanadora. Las células humanas tienen todas las características necesarias para protegerse a sí mismas de daño químico en su ADN que eventualmente resulta en cambios cancerígenos. Una célula cancerosa es esencialmente una célula normal cuyo ADN ha sido dañado al punto que no puede controlar su réplica. El proceso que está creando nuestra epidemia moderna de cáncer es dual. Un aspecto involucra la exposición de nuestras células a tensiones dañinas tales como cancerígenos químicos, radón, acrilamidas (resultado de freír alimentos), altos niveles de grasas saturadas y grasas hidrogenadas, y exceso de proteína animal.
Y al mismo tiempo, tenemos un consumo tristemente insuficiente de nutrientes derivados de plantas, que incluyen miles de fitoquímicos recientemente descubiertos y aún sin descubrir que son esenciales para las funciones normales de las células humanas. Nuestras células tienen un poderoso mecanismo integrado que retira o destruye las sustancias tóxicas, inhibe el daño de ADN, repara vínculos cruzados de
ADN rotos, y retira las células que están dañadas o son anormales antes de que se hagan cancerosas, pero siempre y cuando nuestros requerimientos nutrimentales de antioxidantes y fitoquímicos sean satisfechos.
En años recientes, el término fitoquímicos ha sido utilizado para referirse a los miles de nutrientes recientemente descubiertos brindados por las plantas que – además de las vitaminas y minerales – son necesarios para una protección máxima del sistema inmunológico y para la promoción de desintoxicación y reparación celular. La mayoría de nuestro conocimiento sobre lo que constituye la dieta óptima de prevención del cáncer viene de estudios de poblaciones humanas (epidemiológicos) y estudios animales. Las poblaciones que tienen un consumo alto de alimentos provenientes de plantas naturales, sin refinar, tales como las frutas, vegetales, semillas, nueces y leguminosas (frijoles, chícharos, garbanzos) siempre tienen una incidencia baja de cáncer, proporcional a la ingesta de estos alimentos de plantas ricos en fitoquímicos.
Examinando los datos de numerosos estudios epidemiológicos, el World Cancer Research Fund concluyó que la evidencia que las frutas y vegetales pueden reducir el riesgo de cancer oral, esofágeo, de pulmón, de estómago, de colon, de páncreas, de vejiga, y de mama era convincente. Ninguna substancia aislada en una dieta basada en vegetación es responsable de esta relación; sino más bien
el efecto sinérgico de los distintos compuestos fitoquímicos (qué se cuentan por miles).
Aunque otros factores, tales como químicos, contaminación, y fumar jueguen un papel en la etiología del cáncer, la literatura científica aún ilustra que una mejor dieta ofrece una protección dramática incluso contra promotores de cáncer no relacionados con la dieta. Por ejemplo, las Islas Fiji (donde los índices de fumar son altos) aún tiene una incidencia dramáticamente menor de cáncer de pulmón que Hawaii (donde los índices de fumar son menores). Esta protección contra el cáncer de pulmón incluso en los isleños de Fiji que fuman mucho mostró ser el resultado del alto consumo de vegetales verdes en Fiji. (1)
El National Cancer Institute recomienda comer 5 porciones de frutas y vegetales al día. Sin embargo, los estudios científicos sugieren que esto es aún inadecuado. Más es mejor, y mucho, mucho más es mucho, mucho mejor cuando se trata de reducir el riesgo de cáncer. Es una desgracia que muy pocas personas sigan esta recomendación mínima de ingerir 5 porciones de frutas y vegetales al día.
Una dieta saludable anti-cancer recibe la gran mayoría de sus calorías de vegetales frescos, frutas, leguminosas, nueces y semillas. Estos alimentos no debe ser vistos como complementos; sino deben ser el núcleo de cualquier dieta que pueda ser considerada saludable.
La evidencia de que podemos prevenir la gran mayoría de los cánceres humanos es aplastante. El objetivo de esta información es instruir a la gente que quiere tomar el control de su destino en cuanto a su salud. La gente no debiera tener un ataque al corazón, sufrir demencia con la edad, tener problemas cardiacos o enfermar de cáncer, si lleva una nutrición adecuada. Pueden elegir vivir de una manera que pueda incrementar su esperanza de vida saludable y lo pueden hacer de una forma que es grata y deliciosa.
1. Le Marchand L, Hankin JH, Bach F, “An ecological study of diet and lung cancer in the South Pacific.”
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